domingo, 17 de febrero de 2008

Hermanos Mayo


Los Hermanos Mayo saben lo que significa tener que emigrar. Desde 1940, este colectivo de fotógrafos ha contribuido a redefinir el periodismo gráfico en México, pero tuvo su origen en España al borde de una de las grandes conflagraciones del siglo veinte, la Guerra Civil. Ahí, en vísperas de tanta esperanza y decepción, empezó su vínculo con “los de abajo” que dura hasta hoy en día. El apellido “Mayo” que han usado los miembros del colectivo es un “nombre de batalla” que refleja el compromiso con la clase obrera de los cinco “hermanos” de dos familias: los Souza Fernández —Francisco (Paco) Souza Fernández (1911-1949), Cándido Souza Fernández (1922-1985) y Julio Souza Fernández (1917)— y los del Castillo Cubillo: Faustino del Castillo Cubillo (1913-1996) y Pablo del Castillo Cubillo (1922).Al empezar la Guerra Civil Española, se incorporaron en diversas unidades. Julio fue el único que peleó con armas además de la cámara; fue artillero y al mismo tiempo fotógrafo del periódico Superación. Faustino trabajaba para el conocido fotoperiodista español, José María Díaz Casariego, y durante la defensa de Madrid tomó unas fotos que impresionaron mucho a Enrique Lister, Comandante de la Onceava División. Cuando Lister vio las fotos publicadas, llamó al periódico y dijo: “Quiero a ese joven reportero”. Faustino entró en las fuerzas de Lister y fue enviado a trabajar para el periódico de la Primera Brigada, Pasaremos, el cual era dirigido por el más tarde famoso filósofo marxista radicado en México, Adolfo Sánchez Vázquez. El fotógrafo sirvió en varios frentes de guerra —Madrid, la sierra de Guadarrama, Jarama, el Ebro, Belchite, Barcelona— pero siempre como fotoperiodista.Paco también se limitó a la fotografía, trabajando para las publicaciones El Frente de Teruel, Crónica, El Diario de Madrid y El Paso del Ebro, además de ser director de fotografía para el importante periódico izquierdista, Mundo Obrero. Mandaba sus rollos de película a Cándido, quien los revelaba, los imprimía y los llevaba a publicaciones en la zona republicana. Su compromiso y su capacidad lo hicieron conocido y el General Vicente Rojo, Jefe del Estado Mayor General del Ejército Republicano, lo nombró Director de Fotografía del Estado Mayor del Ejército y Director de Fotografía del Servicio de Inteligencia Militar. Fue gravemente herido por una bomba en Madrid e internado por tres meses, durante los cuales le tuvieron que injertar piel en su muñeca, muslo y rodilla. Con la derrota de los republicanos en febrero de 1939, cruzaron la frontera a Francia medio millón de españoles: hombres, mujeres y niños. Paco había sido reconocido por el gobierno francés como Miembro del Estado Mayor del Ejército, con el derecho de juntar a su familia y salir de Francia a México. Hizo contacto con Fernando Gamboa, el diplomático mexicano encargado de seleccionar a los refugiados para emigración a ese país y, a principios de 1939, Paco salió de Barcelona, rumbo a Francia en compañía de las cuatro mujeres de su familia. Faustino y Cándido llegaron a Francia en febrero, poco después que Paco y las mujeres, pero fueron consignados a un campo de concentración. Con la intervención de Paco, Faustino y Cándido fueron rescatados del campo y pudieron juntarse con el resto de la “familia”. Julio fue hecho prisionero en Alicante, en marzo de 1939, y estuvo en prisión dos años; después tuvo que servir en el ejército hasta 1943. Trabajó en Madrid de 1943 a 1947 en la fotografía, hasta que fue reclamado en 1947 a través de la embajada mexicana en Lisboa y fue a México en ese año. Pablo fue reclamado en 1952 para ir a México desde España.

El 13 de junio de 1939, tres de los Hermanos Mayo —Paco, Faustino y Cándido— arribaron a Veracruz a bordo del barco Sinaia. Llegaron junto con otros mil seiscientos refugiados, quienes constituyeron “La Primera Expedición de Republicanos Españoles a México”, nombre que los propios emigrados se había dado a sí mismos en el periódico que crearon en el barco. En el puerto, fueron recibidos por personajes prominentes de México —entre ellos, Ignacio García Téllez, el Secretario de Gobernación, y Vicente Lombardo Toledano, el importante líder obrero— y por la banda del famoso Quinto Regimiento, que tocaba “La Internacional” mientras los refugiados saludaban con el puño en alto.Al llegar al nuevo mundo se restableció la unidad de Foto Mayo. El reconocimiento de Paco significó que el gobierno mexicano le encomendara fotografiar a cada uno de los refugiados que llegaba al país y los tres hermanos pasaron dos meses en hacer los documentos de los que iban llegando. Desde entonces, trabajaron para más de cuarenta periódicos y revistas, entre ellos El Popular, La Prensa, El Nacional, Hoy, Mañana, Siempre!, Tiempo, Sucesos, Time y Life. Más aún, participaron en la formación y la fundación de revistas y periódicos que reflejaban su compromiso con las fuerzas democráticas en México desde las revistas de corta vida, Tricolor y Más, hasta el aún vivo periódico El Día.
Al igual que la obra de los constructores anónimos de las pirámides, de los talladores desconocidos de las iglesias coloniales y de los grabadores populares como José Guadalupe Posada, la obra de los Hermanos Mayo es una expresión más de esa antigua tradición mexicana en la cual el arte es producto de la lucha por el pan de cada día. Sin embargo, los Mayo —como los braceros— tuvieron que hacer ajustes en su nuevo país y sufrir prejuicios y discriminación. Faustino cuenta cómo le ofrecieron entrar como fotógrafo en La Prensa, pero el jefe de fotografía, Miguel Casasola, y los otros fotógrafos lo rechazaron —“¡Cómo, un refugiado aquí!” Fue asignado a hacer las tareas más repugnantes, como la de cubrir la policía pero, como cuenta Faustino, su experiencia y su amabilidad le sirvieron bien:
El Jefe de Fotografía, Miguel Casasola, me mandó a trabajar en cosas de la policía para fastidiarme. Pero yo ya había trabajado mucho en eso para El Popular, en la vieja penitenciaria; tenía muchos amigos entre la policía y me dejaban entrar con los reos, algo que no permitían a nadie más. Llegaba a la oficina con esas fotos y me dijeron: ‘Pero, ¿cómo hiciste estas fotos?’. Y yo les dije, ‘Pues, me mandaron allí para chingarme, pero yo les chingué a ustedes’.

Esta actitud anti-española es producto, en gran medida, de la reacción contra los “gachupines”, quienes se dedicaban principalmente al comercio y a hacer negocios en México. Al igual que los otros refugiados, los Mayo rechazaban rotundamente ser confundidos con esos típicos emigrados de España que venían a hacer la América. Julio dice:
No éramos el inmigrado de pan y cebolla que venía aquí a segar campos, ni que venía aquí a poner una casa de mala nota, ni que venía aquí a ver cómo podía explotar. Eran unas circunstancias muy diferentes a esas inmigraciones que el pueblo mexicano conocía. Entonces, hubo un distanciamiento muy marcado entre los españoles; era un orgullo, un honor decir “soy refugiado”. Nosotros los refugiados protestábamos si nos llamaban gachupines porque ser gachupín era una ofensa ya que aquellos habían venido a explotar al pueblo y a hacer dinero.
Faustino encarnó esta actitud cuando firmó la dedicatoria de su libro, Testimonios sobre México, “de un refugiado” —subrayó la palabra “refugiado”— al regalárselo al entonces Presidente Miguel de la Madrid. El presidente le preguntó por qué había escrito esas palabras y Faustino le explicó que era un gran honor para él ser un refugiado político. A más de cuarenta años de haber llegado a México, todavía insistía en diferenciarse de los gachupines. Aunque tanto los braceros como los Hermanos Mayo pertenecen a los desarraigados del mundo, hay grandes diferencias entre las circunstancias de su emigración. Para Faustino, son:
Exactamente lo opuesto. Nosotros llegamos con las puertas abiertas, gracias al General Lázaro Cárdenas; ellos llegaban con obstáculos y broncas de trabajo. Son muy maltratados en los Estados Unidos. La gente que quiere trabajar, debería tener el derecho de trabajar, tanto allí como aquí; en todo el mundo él que quiera trabajar debería tener ese derecho.

Las fotos de los Hermanos Mayo sobre los braceros son importantes por lo que nos muestran de esos obreros migratorios y por lo que nos dicen sobre la visión de este colectivo. Con el intento de dar a las imágenes fijas una movilidad analítica, los Mayo desarrollan las relaciones que encuentran a través de los polos opuestos que ven y presentan: humillación-dignidad, dolor-entusiasmo, campesino-estado, lucha-represión… humano-inhumano. A través del choque de esas realidades, se produce una dialéctica dentro de y entre las fotos. Es más, las imágenes “interactivas” de los Mayo permiten que los fotografiados regresen la mirada a la cámara y así insisten en sus realidades y sus seres. El espíritu humano y la tenacidad de lucha sobresalen como valores que vemos encarnados en los braceros que fotografiaron.Dado su pasado como refugiados, su situación como trabajadores y su conciencia de ello, los Mayo han podido producir estas delgadas rebanadas de tiempo. Queda plasmada una visión poderosa y penetrante de los braceros, al retratar no sólo su opresión —su condición de “pobres diablos”— sino al expresar, además, su decisión y su capacidad de actuar en las condiciones más inhumanas. Como los braceros, los Mayo “eligieron” cambiarse de lugar, mudarse en vez de morir, ya sea físicamente o en cuanto a su capacidad de crear, como le sucedió a Alfonso Sánchez García, el importante fotoperiodista español de los años treinta a quien se le prohibió practicar periodismo y se vio reducido a sacar retratos de generales franquistas en poses triunfantes sobre la destrucción que causaron. Pero, si hay que celebrar el arte de los Mayo, habrá que recordar que las circunstancias tenían que existir para poder ser fotografiadas. Como dijo Julio Mayo, “La fotografía tiene también su parte creativa, pero dentro de la realidad”